dimarts, 8 d’agost de 2017

La calidad y la cualidad en la educación inicial

“Los niños sueñan y porque sueñan se atreven a hacer cosas distintas, los adultos tenemos que recuperar estos sueños, esa alegría, el estar contentos, el poder abrazarnos…esa es parte también de la educación infantil”
Ofelia Reveco 
Congreso Internacional de Educación Infantil, Barcelona, 2012



La educación inicial, dedicada a niñas y niños menores de seis años de edad, es un primer paso hacia aprendizajes cada vez más complejos, es el inicio de la vida. Este inicio debiera ser una experiencia rica, que permita favorecer su desarrollo integral y su aprendizaje. 

Son muchos los actores implicados en este proceso. Los roles que competen a cada uno han sido definidos por los sistemas educativos y las instituciones encargadas de brindar este servicio en todos sus estamentos. Dada la variedad de orientaciones pedagógicas, las diferentes características culturales y necesidades de las familias y comunidades, existen escuelas infantiles diversas, tan diversas y diversos como son las niñas y los niños.

El derecho a la educación no significa sólo acceder a ella sino también que ésta sea de calidad y logre que los alumnos aprendan lo máximo posible

No obstante, esta diversidad nos hace preguntar ¿de qué manera estas escuelas estarían teniendo, el mismo hilo conductor que les permita promover aquellos derechos fundamentales, los cuales las niñas y los niños de cualquier lugar del mundo deben ver salvaguardados y puestos en práctica?. Esta inquietud nos lleva a pensar en cómo la protección de los derechos básicos se hace práctica en las aulas, convirtiéndose en lo que se les ofrece a las niñas y a los niños en su día a día, en su vida rutinaria o en sus momentos de exploración. Por ello, se despierta la interrogante sobre el significado de “calidad” desde las diferentes nociones y prácticas. Por ejemplo, nuestra aproximación de la calidad es desde los derechos básicos de la infancia. 

Como bien lo señalan Blanco y Delpiano (2005) “El derecho a la educación no significa sólo acceder a ella sino también que ésta sea de calidad y logre que los alumnos aprendan lo máximo posible; el derecho a la educación es también el derecho a aprender y a desarrollar los múltiples talentos y capacidades de cada persona. La enorme importancia del derecho a la educación radica en que, gracias a ella, es posible hacer efectivos otros derechos individuales y políticos y, en consecuencia, ejercer plenamente la ciudadanía, lo cual es el fundamento de una sociedad más justa y democrática”. 

Seguramente que todos estaremos de acuerdo en que la palabra calidad en sí despierta bastante subjetividad y que su significado puede ser polisémico. Por eso, ¿qué es lo que cada escuela hace para promover una educación de calidad? Todas las familias buscamos que la escuela que albergue a nuestros niños ofrezca ciertas características de aquello que pensamos adecuado o excelente. Pero probablemente cada escuela tenga su propia noción de aquello que ofrece y su valoración. Por todo ello, nuestra visión como madres y padres de familia puede volverse flexible hasta cierto punto, y mantener un límite de aquello que no aceptamos. Pero esta mirada variará de actor en actor, seguramente dependerá del rol que se tenga en el proceso educativo.

Una mirada desde la calidad

Desde la mirada de quien monitorea un programa educativo es importante sin lugar a duda establecer un modelo o un enfoque de evaluación, que permita tomar acuerdo respecto a la calidad que persigue la institución educativa. Moss (en Myers, 2003) dice que “el proceso de entender la calidad y llegar a indicadores de calidad es un proceso dinámico y continuo de reconciliar los énfasis de diferentes grupos” (p. 6). Esto nos acerca a una de las ideas más importantes que subyacen respecto a la representación de calidad, aquella relacionada con la evaluación, proceso que tendría que desarrollarse y sobre el cual debería tenerse claridad para realizar un trabajo sostenido en el tiempo; con el monitoreo pertinente, visualizando el estado alcanzado versus el estimado, considerando todo aquello que sea necesario cambiar o mejorar. Esta ruta no debiera ser compleja, sino más bien simple y concreta de manera que permita que el trabajo fluya a lo largo del tiempo.

Ofelia Reveco: la educación inicial está movida por los sueños de los niños, sus ansias de vivir y aprender, todo ello nace de manera espontánea

Sin duda, el proceso de evaluación es importante, pero lo primero que se tiene que atender es la definición de calidad para la educación inicial, considerando el contexto específico. Para Cryer (2006) la definición de calidad para la educación inicial está caracterizada por configuraciones estructurales y por la calidad del proceso: “La calidad estructural consiste en los insumos del proceso y que forman parte del entorno utilizado por niños y niñas y el ambiente que los rodea, tales como un centro escolar y la comunidad.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de calidad?

Ejemplos de variables estructurales incluyen el tamaño de los grupos, proporción adultos –niños, formación y experiencia de docentes y directivos de una institución educativa. La calidad de proceso hace referencia a aquellos aspectos que experimentan niños y niñas en sus programas y que incluyen las interacciones docente– niño, entre niños y niñas, las actividades, las rutinas diarias de atención. Estos aspectos del proceso tendrán una influencia directa en el bienestar y en el desarrollo infantil”.

Sea cual fuere nuestro rol, como funcionario de gobierno, director o maestro de escuela, madre o padre de familia, el acercamiento a la calidad desde nuestras acciones estará orientando el objetivo de la calidad educativa a la que se aspire. 

Una mirada desde la cualidad

Reflexionando sobre las palabras con las que iniciamos este apartado y que nos dejó nuestra querida educadora y compañera Ofelia Reveco († 2015), la educación inicial está movida por los sueños de los niños, sus ansias de vivir y aprender, todo ello nace de manera espontánea. Ello debiera motivarnos a los adultos a estar conectados con esos sueños, disfrutando lo que hacen nuestros niños, siendo parte de su mundo, alimentándolos y vivenciando permanentemente con otros adultos los pasos a dar, interactuando y conectándonos entre nosotros para que aquello que es parte del trabajo cotidiano se convierta a su vez en el motor que alimente los sueños de los niños. 

Enfocarnos hacia la cualidad supone ver no sólo el “qué” sino el “cómo”

Nos interesa mucho incidir en que cuando hablamos de cualidad en educación inicial nos referimos precisamente a aquello que acabamos de señalar y que es difícil de cuantificar. Hablar de cualidad podría hacer referencia a lo esencial en la escuela; probablemente ésta no se refiera solamente a la cualidad sino a las cualidades, a las cualidades de las maestras y de los maestros, de las directoras y los directores, de las madres y los padres, en resumen de la comunidad educativa. 

En verdad, decir calidad o cualidad tiene un significado particular cuando nos referimos a la educación inicial y ambas dirigen su atención a dilucidar lo que debiera abarcar esta etapa educativa. Enfocarnos hacia la cualidad tiene que ver con ser sensibles a las características y potencialidades de nuestros niños. Se trata de mirar a los niños y enfocarnos en ellos. Se trata de ver no sólo el “qué” sino el “cómo”. 

Entonces, mirar desde la calidad y cualidad es apuntar a ser vigilantes y protectores de los derechos básicos de nuestros niños, en el contexto donde nos encontremos y el rol que tengamos. Y como todo proceso educativo de calidad debiera ser evaluado en aras de fortalecerlo, la evaluación será un pilar importante a considerar. 

Rosina Vanessa Sánchez Jiménez 
(Coordinadora Consejo de redacció de Infancia Latinoamericana en Perú)
Editorial de la revista Infància Latinoamericana 18


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