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dijous, 29 de novembre del 2018

Nueva ilustración radical en educación

El mestre italià Gino Ferri continua i aprofondeix en aquest article la reflexió iniciada l'any passat en aquest mateix diari de l'escola d'estiu amb el seu article «Com s’està transformant l’escola. Reflexions sobre alguns problemes de l’anomenada “innovació educativa”».

Hace un año escribí un artículo («Com s’està transformant l’escola. Reflexions sobre alguns problemes de l’anomenada “innovació educativa”») que se publicó en este mismo diario, y que, como me comentaron, fue el más leído y compartido. Ese artículo generó, por así decir, cierto ruido, porque era una provocación (decididamente fuerte) para destacar la necesidad de una reflexión profunda y rigurosa acerca de los diferentes procesos de transformación que estamos viviendo con respecto a la educación. Este nuevo texto desarrolla aún más el discurso, porque, me parece, ¡queda mucho por reflexionar al respecto!

Lo haré con el mismo tono provocativo: es mi estilo y tiene su sentido aunque no todos lo puedan aceptar. Esta vez lo voy a hacer utilizando unos paradigmas interpretativos que he sacado del libro Nueva ilustración radical de la filósofa catalana Marina Garcés (2017), que, aunque vengan de otro ámbito cultural, desde mi punto de vista son muy interesantes también con respecto a la educación.

El libro «Nueva ilustración radical» de Marina Garcés

Me gustaría ser yo quien pudiera resumir, para los que no lo conocen, el significado de este óptimo libro de 2017, pero no estoy a la altura para esta tarea. Por tanto, nada mejor que dejar hablar a la autora misma, citando unas partes de su preámbulo (de la página 7 a la página 12 del texto):

«El mundo contemporáneo es radicalmente antiilustrado […] [y] la antiilustración no es un estado, es una guerra. […] En lo político, crece un deseo autoritario que ha hecho del despotismo y de la violencia una nueva forma de movilización. […] En el plano cultural triunfan las identidades defensivas y ofensivas. […] Desde todos los ámbitos, lo que triunfa es una fascinación por lo premoderno: todo lo que había “antes” era mejor. Como ha explicado Zygmunt Bauman en su libro póstumo, es el refugio en lo que él llama “retrotopías”, es decir, en utopías que se proyectan en un pasado idealizado […].

La educación, el saber y la ciencia se hunden también, hoy, en un desprestigio del que solo pueden salvarse si se muestran capaces de ofrecer soluciones concretas a la sociedad: soluciones laborales, soluciones técnicas, soluciones económicas. El solucionismo es la coartada de un saber que ha perdido la atribución de hacernos mejores, como personas y como sociedad. […]»

Con estas primeras palabras ya se percibe con bastante claridad el tono general de su discurso, pero hace falta continuar para entenderlo mejor.

«La guerra antiilustrada legitima un régimen social, cultural y político basado en la credulidad voluntaria […] Hoy […] lo que tenemos es una sociedad […] que cínicamente está dispuesta a creer o hacer ver que cree lo que más le conviene en cada momento. Los medios llaman a esto posverdad. Pero es un término que también es “retrotópico”, porque parecería que la verdad es lo que hemos dejado atrás, en un pasado mejor. No hay más o menos verdad en el pasado. Lo que hay son distintas formas de combatir la credulidad que nos oprime en cada época. Necesitamos encontrar nuestro particular combate contra el sistema de credulidades de nuestro tiempo. Nuestra impotencia actual tiene un nombre: analfabetismo ilustrado. […]

Se nos ofrecen todo tipo de gadgets para la salvación: tecnología y discursos a la carta. Líderes y banderas. Siglas. Bombas. Se nos embarga en proyectos de inteligencia delegada, en los que por fin podremos ser tan estúpidos como los humanos hemos demostrado ser, porque el mundo y sus dirigentes serán inteligentes por nosotros. Un mundo smart para unos habitantes irremediablemente idiotas. […]»

Desde mi punto de vista no cabe duda de que este agudo análisis de la realidad contemporánea es muy acertado, pero ¿qué hacer? La autora nos presenta unas posibilidades:

«La ilustración radical fue un combate contra la credulidad, desde la confianza en la naturaleza humana para emanciparse y hacerse mejor a sí misma. Su arma: la crítica. […]

¿Y si nos atrevemos a pensar, de nuevo, la relación entre saber y emancipación? […]

Estamos a las puertas de una rendición. La rendición del género humano respecto a la tarea de aprender y autoeducarse para vivir más dignamente. Frente a esta rendición propongo pensar en una nueva ilustración radical. Retomar el combate contra la credulidad y afirmar la libertad y la dignidad de la experiencia humana en su capacidad para aprender de sí misma. En su momento, este combate fue revolucionario. Ahora es necesario. Entonces, su luz se proyectó como un universal expansivo y prometedor, invasivo y dominador. Ahora, en la era planetaria, podemos aprender a conjugar un universal recíproco y acogedor. […]»

A partir del libro de Garcés: problemas y posibilidades con respecto a la educación

Según mi opinión, en el texto de Garcés aparecen unos conceptos que representan problemas muy reales incluso con respecto al ámbito educativo:

    «solucionismo»;
    «credulidad voluntaria»;
    «retrotopía»;
    «inteligencia delegada»;

y al mismo tiempo se presentan posibilidades que serían fundamentales también para una auténtica transformación de la educación:

✔ combatir la credulidad por medio de la crítica;

✔ confianza en la capacidad de la experiencia humana para aprender de sí misma;

✔ relación entre saber y emancipación.

A continuación voy a utilizar estos conceptos como paradigmas interpretativos para

    desmontar unas «narrativas» acerca de la llamada «innovación educativa», que cada año se «masifica» más (y no siempre en sentido positivo),
    y llegar, espero, a plantear unas posibilidades para una «nueva ilustración radical» en el ámbito educativo.

Pero, antes de empezar, es necesario aclarar unos matices de mi discurso, para que no se malentienda su significado. Solo intento hacer un análisis crítico general de las tendencias dominantes en la representación pública y social, y de su narrativa tóxica con respecto a la que se suele llamar «innovación educativa».

Una narrativa que genera acciones transformadoras que, según mi opinión, no tienen mucho sentido.

Dicho esto:

    está claro que eso no es lo único que pasa en todas las escuelas que empiezan a transformar su propia experiencia;
    está claro que hay unas cuantas escuelas que han emprendido un camino auténtico y original para construir su propia identidad sin necesitar el amparo de una u otra etiqueta;
    está claro que el deseo y la ilusión que empujan a muchos profesionales de la educación a intentar transformar su propia realidad es sincero y positivo;
    está también claro que hay muchísimas personas que se comprometen con humildad e inteligencia para que su propia escuela llegue a ser un lugar mejor para todos.

He conocido directamente escuelas y profesionales de la educación a los que solo hay que respetar y valorar su trabajo en todos los sentidos.

«Solucionismo» e «inteligencia delegada», o de la fascinación por las metodologías «de moda»

Como escribía hace un año (Ferri, 2017), «hoy, que “parece indispensable innovar”, en muchos casos se producen transformaciones en las escuelas sin una reflexión profunda acerca de las razones y de los principios que deberían orientar los procesos de cambio, limitándose a incorporar objetos y materiales de las llamadas “pedagogías alternativas”, según las define García (2017), o bien maneras de trabajar de escuelas definidas innovadoras.»

¿Por qué se ha producido esta situación?

Más allá de lo que ya escribí, desde mi punto de vista puedo añadir que es porque:

    en primer lugar, la escuela como institución no está acostumbrada a generar procesos de reflexión acerca de su propia función, con lo cual, como mucho, se autorepresenta la «innovación» como la incorporación de maneras diferentes de hacer lo mismo de siempre (metodologías u otra cosa parecida, como por ejemplo pasó en su momento con la introducción masiva de las pizarras digitales), sin un replanteamiento de sus propios objetivos y finalidades; es decir: la escuela busca soluciones para sus problemas y se hunde en el solucionismo.
    Secundariamente, hay una narrativa pública acerca de la transformación educativa que fomenta esta convicción. Una narrativa que se difunde cotidianamente a través de todos los medios (redes sociales, blogs, artículos de prensa, etc.), y que relata los «indudables beneficios» de una u otra «metodología innovadora» o nueva tendencia educativa. En la casi totalidad de los casos el nivel de fiabilidad de esos relatos es nulo, pero parece que nadie se preocupa, ya que lo más urgente es la búsqueda de soluciones a los problemas reales de la escuela (y aquí aparece otra vez el solucionismo).
    En tercer lugar, existe una dinámica de promoción de esta (errónea) convicción que tiene que ver con el negocio de «venta de soluciones a la carta»: nunca antes la oferta de cursos y formaciones sobre las «metodologías innovadoras» había sido tan rica. Sean las que sean las «metodologías alternativas» que se quieren vender (se puede encontrar de todo), cada una se presenta como la «solución perfecta» para los problemas de la escuela. Todo esto, tristemente, es aún más real en Catalunya, el país donde no solo han llegado todas las «pedagogías alternativas» del mundo (incluso las que no existen o no son para nada reconocidas o valoradas en ningún otro lugar), sino que también se han inventado unas más (las llamadas «pedagogía sistémica» y «educación viva y activa», por no hablar de la mítica «pedagogía de la luz»…). Es decir: ¡el solucionismo sustentado por el mercado! Utilizando las palabras de una canción del rapero italiano Fabri Fibra (2007): «[…] Dammi i soldi e ti porto la soluzione. Cosa ti manca? Tranquillo, ce l’ho io qua! […]».
    Finalmente, todo lo comentado hasta ahora no hace más que generar un bucle donde esa tendencia se autoreproduce de forma constante, y el resultado es que se delega a algo que está fuera de cada una de las escuelas reales (esas «pedagogías» o «metodologías alternativas») las posibles soluciones a los problemas de la educación. Es decir: el solucionismo produce inteligencia delegada, y a su vez la inteligencia delegada abarca el solucionismo.

Ante esta situación, nada mejor que un comentario muy fuerte: si todo se queda así, las «pedagogías» y «metodologías alternativas» no son la solución, ¡son un problema más!

¿«Retrotopías» o «Walking Deads»?

En el párrafo que he citado anteriormente, Garcés (2017) explica el concepto de retrotopía (Bauman, 2017) como la utopía que se proyecta en un pasado idealizado.

Desde mi punto de vista esta idea nos ofrece unas claves interpretativas que pueden ayudar a entender un problema más de la llamada «innovación educativa»: el continuo hacer referencia a teorías pedagógicas o científicas de un pasado muy lejano, y acogerlas como si, entre medio, nada hubiera pasado. Como si el conocimiento humano no hubiera evolucionado y sus planteamientos teóricos mantuvieran la misma validez (sea real o supuesta) que tuvieron en su momento.

Unos ejemplos:

    la teoría del «desarrollo anímico» del niño, que es uno de los fundamentos de la pedagogía Waldorf, sobre todo por lo que se refiere al llamado «primer septenio».

¿Hace falta comentar? Puedo entender que Steiner creó su teoría antroposófica en un contexto determinado, muy diferente del actual en todos los sentidos, pero pregunto: en la realidad contemporánea ¿se puede aceptar una «pedagogía alternativa» que parte de la idea del desarrollo del alma del niño? ¿Cuáles son las evidencias de investigación que tenemos con respecto a ese (supuesto) desarrollo? Realmente ¿se puede pensar algo diferente de que solo es una (peligrosa) creencia? Una creencia empapada de espiritualismo y hoy en día no solo muy antigua, sino que más bien podrida…

    La teoría de la “mente absorbente” de Maria Montessori.

Con todo lo que se conoce a día de hoy con respecto a mente, cerebro, aprendizaje, con todo lo que más de 100 años de investigación en múltiples ámbitos culturales nos han ayudado a saber, ¿tiene sentido seguir hablando de «mente absorbente»? ¿Tiene sentido utilizar esa referencia para una (supuesta) «innovación educativa»?

Yo creo que, a la luz de lo que los humanos conocemos, se debería hablar de la mente del niño de muchas otras maneras: mente plástica, mente dinámica, mente que interpreta y elabora constantemente la realidad, mente flexible, mente que desarrolla continuamente conexiones, mente que se autoconstruye en la relación con el mundo, etc.

Las evidencias que nos han llegado de investigaciones convergentes entre ciencias cognitivas, neurociencias y física teórica (Licata, 2008) respaldan por completo estas afirmaciones.

Y por lo que se refiere a la escuela, no se trata solo de palabras o definiciones: se trata de crear prácticas educativas que ¡den cabida a esa mente del niño!

Seguir hablando de «mente absorbente» y quedarse con ello, o, peor, hablar del niño como de una «esponjita», es una ofensa a su identidad, porque es como transformar al niño en una caricatura que se parece a ese personaje de los dibujos animados, Bob Esponja…

    La teoría del «egocentrismo infantil» según Piaget.

A pesar de que ha sido la parte de su inmensa obra que más ha sido criticada, cuestionada y evolucionada, hay muchos «planteamientos (supuestamente) innovadores» de Catalunya que la siguen mencionando como una especie de verdad absoluta, y la utilizan para justificar y dar respaldo a sus propias ideologías acerca de las que serían «las necesidades más auténticas» del niño.

Es decir, un descubrimiento fundamental de los últimos veinte años como el de las neuronas espejo, por todo lo que ha aportado al conocimiento de las relaciones entre los humanos desde el comienzo de la vida (hasta incluso evolucionar lo que se conocía con respecto a la empatía), parece no haber aportado nada…

Se sigue con el (supuesto) «egocentrismo infantil» y ya está. ¡Vaya innovación!

    La «teoría del apego» de Bowlby.

Otro caso muy interesante de uso instrumental (retrotópico) de una teoría que lleva décadas y décadas de vida.

Me explico: algunos grupos sociales (grupos de «crianza con apego natural» o «crianza consciente», etc.), que también se identifican en unas tendencias de la «innovación educativa» bien arraigadas en Catalunya, suelen hacer referencia a los planteamientos originarios de Bowlby (los del informe Maternal Care and Mental Health, del año 1951) como si fueran de lo más actual, otra clase de verdades absolutas, olvidándose (en realidad no es olvido, es desconocimiento) de todas las investigaciones que, ya en la década de los ochenta del siglo xx, la evolucionaron destacando la complejidad y riqueza del mundo social de los niños y niñas desde el comienzo de la vida (Emiliani y Carugati, 1985).

Para bromear: se compra algo creyendo que es «pan recién salido del horno» y realmente solo es «pan viejo y rancio calentado en el microondas»…

Entonces, ¿dónde está el verdadero problema?

Para mí está en el hecho de que siempre habría que colocar todo (ideas y teorías) en su contexto histórico y cultural, y caer en la cuenta de que todo evoluciona continuamente según el progresar de la cultura y del conocimiento humano.

Si no se hace y, como he dicho al principio, se acoge algo del pasado lejano como si el conocimiento humano no hubiera evolucionado, y sus planteamientos teóricos mantuvieran la misma validez (sea real o supuesta) que tuvieron en su momento, solo se crean unos tristes y peligrosos Walking Deads que andan sueltos por nuestros tiempos tan complejos.

Y este es un problema grave que tiene mucho que ver con el concepto de «credulidad voluntaria», en el que voy a profundizar a continuación.

La otra cara del «solucionismo»: la «credulidad voluntaria»

¿Cómo podríamos definir la credulidad voluntaria?

Es una actitud que lleva a seleccionar solo las informaciones que respaldan las convicciones o los prejuicios que uno tiene, descartando todo lo demás sin tenerlo para nada en cuenta, como si no existiera (Di Diodoro, 2017).

Podríamos decir que la credulidad voluntaria es el resultado de una falta fundamental de los procesos educativos básicos: la falta de capacidad de ayudar a las personas a construir y desarrollar un auténtico espíritu crítico, que, primeramente, se basa en procesos de contraste entre informaciones diferentes, y también en su uso constructivo y creativo después de un análisis riguroso.

En su versión más cutre, la credulidad voluntaria es una dinámica muy común en las redes sociales, y que, por ejemplo, caracteriza plenamente los llamados trolls y sobretodo los haters. Pero es también una actitud que se encuentra muy a menudo en el mundo de la escuela, y que lleva a acoger unas prácticas o metodologías supuestamente «innovadoras» sin ninguna reflexión previa, aceptándolas porque son lo que hace o quiere hacer todo el mundo. Un ejemplo clásico en este sentido es el de los llamados «ambientes», sean de libre circulación u otro tipo, entre las diferentes interpretaciones que se han dado dentro de esa metodología.

En Cataluña creo que más del 50% de las escuelas «hacen ambientes» en infantil, unos ratos por semana, y el resto del tiempo hacen lo mismo de siempre: grafismos, trabajo del nombre, lectoescritura, conciencia fonológica, adiestramento de la «motricidad fina», número y cantidad, sumas y restas, fichas, hasta incluso utilizar libros de texto, etcétera, es decir, todo lo que no se debería hacer, y no porque lo digo yo sino porque las leyes del país ¡plantean algo muy diferente! Y que las leyes estén mucho mejor que la casi totalidad de las escuelas reales ¡es una paradoja que asusta!

No me quiero alargar, así que solo pregunto: ¿por qué pasa eso?

Para mí es porque la necesidad muy auténtica y respetable de tantas personas de salir de un modelo de escuela que agobia a todo el mundo, aunque solo fuera por unos ratos semanales, lleva a acoger esa «moda metodológica», a la que se da cabida a través de esa actitud de «credulidad voluntaria» que, una vez más, tiene mucho que ver con el «solucionismo» (y no con la búsqueda y construcción de nuevas y auténticas soluciones).

Credulidad voluntaria y neuromitos

Hablando del tema, hay que mencionar otra tendencia muy actual que en muchos casos no deja de ser una forma más de credulidad voluntaria: los «neuromitos», es decir, las malas interpretaciones de la neurociencias trasladadas al ámbito educativo (L’Ecuyer, 2017).

No quiero hablar del uso instrumental de los hallazgos de las neurociencias para justificar los planteamientos de unas pedagogías alternativas. Esa, para mí, es una instrumentalización de una deshonestidad intelectual que no merece comentarios. Invito a quien quiera profundizar a leerse unos artículos que llevan títulos rimbombantes, como por ejemplo: «5 hallazgos de la neurociencia que respaldan la pedagogía Montessori» (Aldana, 2016), «La neurociencia da la razón a las pedagogías alternativas» («Aguamarina», 2016), «¡Neuroeducación y pedagogía Waldorf, cada vez más cerca!» (Chubarowsky, 2018), y que cada uno saque sus conclusiones.

Yo me quedo entonces con las palabras del profesor Ignacio Morgado Bernal (2017): «Sería lamentable que la neurociencia se convirtiera, como lo fue la psicología en su día, en una especie de florero para vestir de cientifismo [unos] procedimientos pedagógicos […], muchos de ellos fundamentados en una fenomenal tradición secular.»

En cambio, quiero reflexionar sobre una exigencia legítima: basar las prácticas educativas en el conocimiento científico. Pero esta necesidad importante se puede convertir en un problema cuando se piensa que, como en este caso, el conocimiento del funcionamiento del cerebro (un campo de estudios que es un constante work in progress) es de por sí suficiente para saber lo que habría que hacer en la escuela.

A pesar de las advertencias de diversos neurocientíficos

    como David Bueno i Torrens (2017), que explica claramente como los estudios en neurociencia solo ayudan a entender por qué unas prácticas educativas funcionan mejor que otras,
    o el ya mencionado Ignacio Morgado Bernal (2017), que afirma rotundamente que «quienes crean que los neurocientíficos vamos a decirles a los profesionales de la educación cómo tienen que hacer las cosas se equivocan. Hoy por hoy, lo mejor que puede hacer la neurociencia es explicar por qué funciona lo que funciona y por qué no funciona lo que no funciona», ya se habla de neuroeducación, neurodidáctica, neuropedagogía…

Como agudamente comenta Imbernón (2018), parece que poner el prefijo neuro garantiza la calidad de algo: «[…] va apareixent una nova terminologia basada en el prefix neuro. En una ràpida anàlisi de cerca de fonts d’informació electròniques i programes de divulgació, trobem avui en dia diverses terminologies com neuroeducació, neurodidàctica, neuroformació i neuropedagogia en el camp educatiu, però també neurocultura, neuromàrqueting, neuroeconomia, neurofilosofia, neurolingüística, neuropolítica, neurohistòria, neurogastronomia, neuroestètica, neuroart, i moltes més neuro. O sigui, posar el prefix neuro a tota temàtica per cridar l’atenció o donar-li més importància al que es proposa.»

Por lo que se refiere al ámbito educativo, para mí la falacia de esa idea es evidente, y además tendríamos a nuestra disposición la experiencia del cognitivismo americano, que en su época (las décadas de los sesenta y setenta del siglo xx) hizo bastante daño pretendiendo conformar el proceso educativo a las maneras de elaborar las informaciones de la mente humana.

¿Acaso lo hemos olvidado?

Gino Ferri i David Altimir a la Jornada d’Educació Infantil. Foto Jordi Navarro

Afortunadamente, hay mucha sensibilidad con respecto a los riesgos que eso conlleva. Un ejemplo muy interesante nos viene de la profesora Anna Carballo, que en una entrevista al diario El País (2018), además de declarar rotundamente que la neuroeducación ¡no existe!, ha dejado muy claro cómo «los estudios neurocientíficos sobre el aprendizaje se realizan en laboratorios, que nada tienen que ver con un aula en la que treinta alumnos aprenden conjuntamente de forma espontánea y natural.» Pero, sobre todo, ha afirmado que «los problemas de la educación no se pueden resolver con el conocimiento que se tiene del cerebro, y que son los pedagogos quienes deben replantear» la educación. ¡Eso es!

Esa es la tarea importantísima que solo puede llevar a cabo una Pedagogía que, de un lado, para sentirse legitimada no necesite pegarse etiquetas (del pasado o de un supuesto nuevo), y, del otro, acepte el reto de apostar por una educación auténticamente emancipatoria.

Y ahora ¿qué? Por una «nueva ilustración radical» en educación

Después de «combatir la credulidad por medio de la crítica», ahora hace falta proponer unas ideas que ayuden a replantear la identidad de la escuela, y de los procesos educativos en general, de una manera muy diferente, rigurosa y consciente con respecto a mucha de la supuesta «innovación» que se está viviendo.

Como ya he adelantado, creo profundamente en la necesidad de un replanteamiento global de la educación, de sus objetivos y finalidades a la luz de los desafíos que nos plantea la realidad contemporánea, y es por ello que me gusta usar como metáfora el título del libro de Garcés (2017) para afirmar que ¡necesitamos una nueva ilustración radical también en el ámbito educativo!

Hoy ¡más que nunca!

Para ello:

    necesitamos una Pedagogía que acepte el reto de conjugar las dimensiones humana, social y política, ejerciendo el papel de auténtica filosofía de la educación;
    necesitamos una Pedagogía rigurosa y crítica, que rechace las creencias y se apoye en las ciencias y la cultura más actuales, una Pedagogía que sepa interpretar las aportaciones de diferentes ámbitos del conocimiento para ofrecer claves capaces de orientar el desarrollo de los procesos educativos;
    necesitamos una pedagogía que redibuje completamente el papel de la escuela hasta que llegue a ser el lugar que auténticamente se ocupa de la formación integral de la persona (principio reconocido en casi todas las Constituciones del mundo);
    necesitamos reflexionar acerca del ciudadano del presente y del futuro, que es el sujeto protagonista del proceso educativo;
    necesitamos, entonces, una escuela realmente capaz de educar ciudadanos activos y críticos, autónomos e interdependientes, respetuosos y solidarios, y que posean los recursos y las competencias clave para ser protagonistas de sus propias existencias;
    necesitamos, finalmente, una escuela ¡a la altura de las grandes tradiciones de renovación pedagógica de Catalunya!

Este, para mí, debería ser el objetivo de la educación en una perspectiva emancipatoria. Es un objetivo que se puede hallar solo redefiniendo en plan equitativo, y al mismo tiempo dinámico, la relación entre sujeto y sociedad, porque si es verdad que es la sociedad quien tiene la responsabilidad de educar a cada uno, llevo más de cuarenta años creyendo que la educación es también la posibilidad fundamental para cambiar la sociedad (Ferri, 2015).

De hecho no es nada nuevo, ya que planteamientos muy parecidos se encuentran en los documentos internacionales más importantes al respecto, de los que solo bastaría con leer unas pocas líneas:

    «Nuestra visión es transformar las vidas mediante la educación […].» (World Education Forum, 2015)
    «La nueva agenda de educación […] es holística, ambiciosa, deseable y universal, y está inspirada por una visión de que la educación transforma las vidas de las personas, las comunidades y las sociedades.» (UNESCO, 2016)

¿Quién no podría estar de acuerdo?

Ahora el desafío es empezar a hacer realidad esos intentos, en todos y cada uno de los países del mundo.

En este sentido, creo que es muy importante que un programa tan relevante en Catalunya como Escola Nova 21 haya dado cabida a muchos valores inspirados en las resoluciones internacionales más importantes, valores que solo se pueden compartir totalmente:

✔ Los 4 pilares de la educación:

    Aprender a ser
    Aprender a conocer
    Aprender a hacer
    Aprender a vivir juntos

✔ Y los 7 principios del aprendizaje:

    El alumno es el centro del aprendizaje.
    El aprendizaje es de naturaleza social.
    Las emociones son parte fundamental del aprendizaje.
    El aprendizaje debe tener en cuenta las diferencias individuales.
    El esfuerzo con sentido es clave para el aprendizaje.
    La evaluación continua favorece el aprendizaje.
    Aprender es construir conexiones horizontales.

Pero creo que ha llegado la hora de profundizar más en cada uno de ellos, dejando muy claro lo que se entiende y quitando posibles ambigüedades.

Y, como siempre, no hay mejor manera de hacerlo que planteándose buenas preguntas.

Por ejemplo, con respecto al primer pilar, aprender a ser:

    ¿Qué quiere decir aprender a ser?
    ¿Cómo se aprende a ser?
    ¿Qué debería (y qué no debería) hacer la escuela para que cada uno aprenda a ser?
    Etcétera.

Conforme se vaya respondiendo, habría que dejar muy claro lo que tiene sentido y lo que no lo tiene, porque si no, una vez más, valdría todo, y en nombre de una aparente «democracia» se aceptaría que dentro de esa finalidad cupieran psicochorradas (falsamente humanistas y realmente solo empapadas de una mezcla de psicoanálisis barato y espiritualismo rancio) como las que se leen demasiadas veces:

    «…acompañar a cada uno para que se conecte con su interior…»
    «…acompañar al niño para que conecte con su ser más profundo y su esencia…»
    Etcétera.

Y para poner otro ejemplo, relativo al primer principio: el alumno es el centro del aprendizaje:

    ¿Qué quiere decir que el niño es el centro del aprendizaje?
    ¿Cómo es que el niño llega a ser el protagonista de su aprendizaje? ¿Eligiendo lo que quiere (y lo que no quiere) aprender? ¿Decidiendo lo que quiere hacer (y lo que no)? ¿Partiendo de sus «intereses»? (Pero, ¿qué es un interés? ¿Todos los (supuestos) «intereses» tienen el mismo significado y las mismas potencialidades?)
    ¿Hablar de aprendizaje autodirigido por el niño es lo mismo que hablar de aprendizaje autoconstruido por el niño? Y si hay diferencias, ¿qué conllevan con respecto a las maneras de organizar y vivir la escuela cada día?
    Etcétera.

Aquí las posibles respuestas ayudarían a aclarar y desambiguar temas fundamentales del proceso educativo, como por ejemplo el papel del adulto entre el reconocimiento de la identidad infantil y la responsabilidad educativa que tiene que ejercer.

Un último ejemplo, relativo al segundo principio: el aprendizaje es de naturaleza social:

    ¿Cómo se da cabida a este valor en las diferentes maneras de organizar la vida escolar?
    ¿Qué se entiende por grupo?
    ¿Cuándo hay un grupo y cuándo una «suma» de individuos”?
    ¿Cuál es la relación entre situaciones de aprendizaje grupal e individual que organizamos?
    ¿El aprendizaje del grupo es la «suma» de las diferentes aportaciones o puede tener otra identidad?
    Etcétera.

Y aquí habría que aclarar cómo las maneras de organizarse en la escuela fomentan, o impiden, que realmente se apueste por un enfoque socioconstructivista, dejando claro lo que puede tener sentido y lo que no (y para mí eso, por fin, sembraría la semilla de la duda con respecto a «los ambientes», cuyos planteamientos, aunque sin ser conscientes, valoran exclusivamente lo individual…).

Así se debería hacer para cada uno de esos valores tan fundamentales, hasta llegar a que esa nueva educación que tanto necesitamos empiece a hacerse realidad cotidiana en todo el país.

¿Es difícil?

¡Sí!

¿Es posible?

Quiero creer que lo sea, porque Catalunya ¡se lo merece!



Referencias bibliográficas

«Aguamarina» (2016), «La neurociencia da la razón a las pedagogías alternativas»

(http://www.demicasaalmundo.com/blog/la-neurociencia-da-la-razon-a-las-pedagogias-alternativas/)

Aldana, R. (2016), «5 hallazgos de la neurociencia que respaldan la pedagogía Montessori»

(https://lamenteesmaravillosa.com/5-hallazgos-la-neurociencia-respaldan-la-pedagogia-montessori/)

Bauman, Z. (2017), Retrotopía, Paidós, Barcelona.

Bueno i Torrens, D. (2017), Neurociència per a educadors, Rosa Sensat, Barcelona.

Carballo, A. (2018), «La neurociencia no tiene la receta para los problemas de la educación» (entrevista de Ana Torres Menárguez para El País). (https://elpais.com/economia/2018/02/16/actualidad/1518783405_526230.html)

Chubarowsky, T. (2018), «¡Neuroeducación y pedagogía Waldorf, cada vez más cerca!»

(https://www.tamarachubarovsky.com/2018/01/28/neuroeducacion-y-pedagogia-waldorf-cada-vez-mas-cerca/)

Di Diodoro, D. (2017), «Perché crediamo alle “bufale” e non vogliamo mai cambiare idea»

(https://www.corriere.it/salute/neuroscienze/17_giugno_28/perche-crediamo-bufale-non-vogliamo-mai-cambiare-idea-982d297a-5c10-11e7-9050-dbcde4ab4109.shtml?refresh_ce-cp)

Emiliani, F.; Carugati, F. (1985), Il mondo sociale dei bambini, Il Mulino, Bologna.

Fibra, F. (2007), «La soluzione», en Bugiardo, Universal Music Italia, Milano.

Ferri, G. (2015), «Si no involucramos a las familias en la escuela solo esperarán de ella buenas notas»

(http://diarieducacio.cat/escolaestiurosasensat/2015/07/04/gino-ferri-si-no-involucramos-a-las-familias-en-la-escuela-solo-esperaran-de-ella-buenas-notas/)

Ferri, G. (2017), «Com s’està transformant l’escola. Reflexions sobre alguns problemes de l’anomenada “innovació educativa”»

(http://diarieducacio.cat/escolaestiurosasensat/2017/07/07/sesta-transformant-lescola/)

Garcés, M. (2017), Nueva ilustración radical, Editorial Anagrama, Barcelona.

García, A. (2017), Otra educación ya es posible. Una introducción a las pedagogías alternativas, Litera, Albuixec.

Imbernón, F. (2018), «Neuropedagogia, neuroeducació? Moda o realitat?»

(http://diarieducacio.cat/neuropedagogia-neuroeducacio-moda-o-realitat/)

L’Ecuyer, C. (2017), «Los “neuromitos” que llevan a educar sin base científica»

(https://elpais.com/elpais/2017/06/27/mamas_papas/1498571794_215924.html)

Morgado Bernal, I. (2017), «La neuroeducación, ¿un nuevo mito del cerebro?»

(https://www.investigacionyciencia.es/blogs/psicologia-y-neurociencia/37/posts/la-neuroeducacin-un-nuevo-mito-del-cerebro-15329?utm_source=Facebook&utm_medium=Social&utm_campaign=fb+web)

Licata, I. (2008), La logica aperta della mente, Codice Edizioni, Torino.

UNESCO (2016), «Agenda 2030. Educación para transformar vidas. Metas, opciones de estrategia e indicadores».

(http://unesdoc.unesco.org/images/0024/002452/245278s.pdf)

World Education Forum (2015), «Declaración de Incheon».

(http://unesdoc.unesco.org/images/0023/002338/233813m.pdf)

Gino Ferri
Mestre d'educació infantil a Reggio Emilia. Formador a Rosa Sensat

dimecres, 2 d’agost del 2017

Les emocions s’ensenyen o es viuen?



Aquest text no és un tractat sobre l’educació emocional en sentit estricte, ni tampoc és una llista de «bones pràctiques» en relació amb un tema educatiu tan important. És, més aviat, una provocació de gran abast, aspra i punyent, que defuig el «bonisme» i el «políticament correcte», una provocació per reflexionar sobre el que està passant en moltes escoles, a Catalunya i al conjunt de l’Estat espanyol.

Actualment són cada cop més i més els que organitzen activitats dirigides, en teoria, a «educar les emocions» dels infants, quan en realitat el resultat és la reducció d’una qüestió tan delicada i complexa al simple ensenyament d’una disciplina com totes les altres que s’acostumen a «impartir», buidant-la de qualsevol possible significat. És, sens dubte, un escrit «políticament incorrecte», que neix de la incomoditat i la irritació que he sentit quan, primer casualment, després cada vegada de forma més conscient, vaig entrar en contacte amb l’«educació emocional» en la seva forma més comuna i estesa, adonant-me de les distorsions i els perills que comporta aquest enfocament. 

Del malestar i la irritació inicial, en va néixer l’exigència d’oferir un punt de vista diferent i alternatiu; un punt de vista que, mitjançant la pro­vocació, pogués servir d’estímul per revisar les pràctiques actuals adreçades a «educar les emocions» i, espero, capaç d’ajudar els que s’ocupen de l’educació de nens i nenes a anar més enllà d’un conjunt de propostes educatives que, en la meva opinió, sovint no tenen cap sentit.  

El descobriment de l’existència  de l’educació emocional Per tal de fer el més aclaridor possible el significat del discurs que tractaré de desenvolupar, cal una breu introducció «autobiogràfica»: fins als últims mesos de 2015 ni tan sols sabia que existís el que aquí s’acostuma a anomenar «educació emocional».  No em fa vergonya admetre-ho, simplement no pertany a la meva història cultural i professional, i molt menys a la meva experiència prèvia a l’educació. 

La meva visió de l’educació, especialment la relacionada amb la primera infància –0-6–, sempre ha estat una concepció global, un procés sense separacions per continguts o disciplines. Una imatge coherent amb una idea d’infant com a subjecte global que viu, sent, experimenta i aprèn en tots els àmbits de la pròpia existència. Per descomptat, aquí a Catalunya havia estat en contacte amb alguns dels enfocaments educatius que donen molta importància al pla de les emocions subjectives. Però els meus coneixements s’aturaven allà. 

Pel que fa a l’àmbit de l’«educació emocional», era bàsicament un «ignorant», i potser aquesta era la condició òptima per permetre’m observar amb els ulls i la ment ben oberts, i sense prejudicis, un fenomen cada vegada més estès, i captar-ne les distorsions i els riscos inherents. No en sabia res, però, entre els mesos d’octubre i desembre de 2015, una presència molt evident en les parets de les estances i els passadissos de les diferents escoles en què entrava quotidianament em va cridar l’atenció. 

En particular, va ser un personatge recurrent el que va despertar la meva curiositat, perquè la seva lletjor intrusiva per descomptat que no podia deixar-me indiferent. Era una presència tan monòtona i visualment incòmode que un dia em va empènyer a demanar a les mestres que m’acompanyaven en una visita a la seva escola: «I això què és?» Però el que va accionar un interruptor en la meva ment no va ser tant la resposta («És El monstre de colors, no el coneixes?»), com el següent comentari, una mena d’explicació per a la meva evident ignorància: «És que estem treballant les emocions, l’educació emocional, ja saps, oi?». 

No, no ho sabia! 

Jo no sabia res, però la frase «treballar les emocions» m’havia sorprès profundament. És una frase que em va deixar desconcertat i immediatament va generar en el meu cap una sèrie de noves preguntes: Què vol dir «treballar les emocions»? Es poden «treballar» les emocions? I com s’estan «treballant»? Les emocions s’han de treballar o s’han de viure? I què hauria de fer l’escola per exercir el seu paper educatiu en relació amb el tema de les emocions? 

Aquestes preguntes seguien movent-se dins meu, i em vaig adonar que havia d’aprofundir en el tema, havia de saber-ne més fins a arribar a comprendre les arrels i els supòsits culturals i teòrics d’una cosa que, per instint, em suscitava inquietud i preocupació, perquè «treballar les emocions» em semblava una frase sense cap sentit. El «treball de les emocions» Vaig començar a buscar a la xarxa, a partir del que havia trobat a les escoles i que m’havia cridat l’atenció, el «monstre», ja que semblava tenir una estreta relació amb el tema del «treball de les emocions». 

Vaig conèixer d’aquesta manera la història i l’objectiu del llibre. Ja he anunciat que aquest no és un text «políticament correcte», així que no puc ometre el comentari que em sorgeix de manera espontània després d’acabar de llegir el llibre: quina tristesa! Que trist descobrir que la suposada «educació de les emocions» es redueix a saber anomenar-les i, pitjor encara, a identificar-les a través d’un color! Així que és d’això que es tracta? Això és «educació emocional»? Que trist percebre que, en relació amb un tema d’aquesta complexitat, talment relacionat amb la dimensió més íntima de l’existència humana, es pensi en la funció educativa de l’escola acontentant-se amb què els infants aprenguin, de manera abstracta i descontextualitzada, paraules també abstractes i descontextualitzades, que no tenen cap relació autèntica amb les seves vivències reals. I, el que és pitjor, acontentant-se que aprenguin que el vermell és el color de la ira i el negre de la por, d’acord amb els pitjors estereotips cromàtics. 

I que trist pensar que hi ha adults que treballen diàriament en l’àmbit educatiu i que, actuant d’aquesta manera, se sentin feliços i satisfets amb el que han fet pel que fa a l’educació de les emocions. I no perquè siguin «persones irreflexives», sinó simplement perquè un conjunt d’hàbits i estereotips molt estesos en el món de l’escola tendeixen a adormir les consciències i impedeixen la construcció d’una consciència més fonamentada. Que trist! No obstant això, per una banda, no podia acontentar-me amb aquesta primera impressió i, per l’altra, no volia rendir-me a la idea que aquesta manera tan obtusa de tractar un tema de cabdal importància pogués ser el predominant. Sabia que hauria d’anar més a fons, arribant a conèixer millor els supòsits teòrics i culturals que sustenten la idea d’«educació emocional». Per tant, havia de continuar la meva recerca, i potser descobriria que no tot era tan trist com em semblava que era. I encara no sabia el que m’esperava...  

Els supòsits teòrics i culturals  de l’educació emocional 

Vaig trobar molts materials documentals que tracten el tema emocional de l’educació des de múltiples punts de vista, que aquí, per raons de temps i espai, no és possible esmentar en detall. En poques paraules, i acceptant el risc de simplificar molt el discurs, es pot reconstruir la història de l’educació emocional a través d’alguns passos clau: el concepte d’«intel·ligència emocional» va néixer abans que el d’«educació emocional»: 

• Un dels supòsits bàsics es remunta a la famosa teoria de les intel·ligències múltiples de Gardner (1987), en què l’autor, entre altres, distingeix la intel·ligència intrapersonal, que permet la comprensió d’un mateix –autocomprensió–, i la interpersonal, que permet comprendre els altres (Collell i Escudé, 2003); 
• A partir d’aquesta primera descripció, Mayer i Salovey (1990) introdueixen el terme ‘intel•ligència emocional’, descrivint-la com la capacitat de reconèixer els sentiments i les emocions pròpies i les dels altres, distingir entre elles i utilitzar aquesta informació per guiar els propis pensaments i accions; 
• Goleman, en el seu llibre Intel·ligència emocional (1997), reprèn la definició dels dos autors anteriors i, posteriorment, la desenvolupa inserint-la en un marc teòric ric i complex. La seva teoria remarca la importància crucial del coneixement de les pròpies emocions (intel·ligència emocional com la capacitat de reconèixer els propis estats interns en el moment en què s’experimenten)1 i les dels altres com a base per a la construcció d’un sentit positiu d’un mateix, i de relacions igualment positives basades en l’empatia. Tot això, segons l’autor, és el fonament capaç de generar processos d’automotivació que ajuden a fer front a les dificultats i a la frustració, i a evitar els processos que obstaculitzen les facultats de pensament, permetent mantenir una actitud positiva cap a la existència. El discurs de Goleman és molt complex, fins al punt que arriba a definir la intel·ligència emocional com una metahabilitat capaç d’influir directament en l’ús adequat de totes les altres habilitats que caracteritzen els éssers humans.  

És, sens dubte, un panorama de riques reflexions, idees i estímuls d’interès cultural, independentment de si es comparteixen o no. Arribat a aquest punt de les meves recerques em vaig preguntar: què té a veure tot això amb l’educació emocional tal i com s’està fent a les escoles? 

Aprofundint en el tema, em vaig adonar que havia estat un punt de les reflexions de Goleman el que havia donat pas a tot el que, més tard, es va convertir en les pràctiques actuals que caracteritzen l’«educació emocional». Em refereixo a la part del seu discurs en la qual, argumentant les seves reflexions sobre el tema de la intel·ligència emocional, i identificant-la com una competència fonamental en el món modern –competència emocional–, afirma que és una habilitat que pot i ha de ser educada, posant en qüestió l’escola i les seves responsabilitats. 

Més específicament arriba a identificar cinc direccions en les quals s’hauria de desenvolupar l’activitat educativa, i entre elles es destaquen: 
• la primera, relacionada amb el coneixement de les pròpies emocions, respecte a la qual argumenta que per construir una correcta consciència emocional és indispensable disposar de paraules per anomenar les diferents emocions, per la qual cosa és evident la importància de potenciar el desenvolupament del vocabulari emocional per part de l’escola i dels sistemes educatius en general;
 • I la quarta, la que té a veure amb el reconeixement de les emocions d’altres persones; i aquí el discurs de l’autor toca el tema de l’empatia i la posa en relació directa amb el coneixement previ dels propis estats emocionals, afirmant que, com millor es coneixen les pròpies emocions, més capaç s’és de reconèixer les dels altres.  

Pràctiques habituals d’educació emocional 

Aquest és l’origen de l’«educació emocional» que es fa avui en dia en moltes escoles del país! És un fet innegable que el concepte de «potenciar el vocabulari emocional» ha generat el conjunt de pràctiques d’ensenyament que caracteritzen el que està passant actualment. I, sobretot, no hi ha dubte que només es varen captar els aspectes més simplistes i reduccionistes del cos del discurs teòric de Goleman, plegant-los i adaptant-los a un entorn molt còmode i habitual, que és el que distingeix el món de l’escola. 

Perquè l’escola, en general, gairebé sempre aconsegueix transformar els pensaments sobre l’educació, fins i tot els millors, en pràctiques rígides, esquemàtiques, abstractes i descontextualitzades. L’escola sembla tenir la capacitat «sobrenatural» de reduir-ho tot al seu estil de funcionament més tradicional: ensenyar directivament, deixant caure des de dalt els continguts que pretén transmetre, siguin quins siguin, fins i tot les emocions. L’escola, en resum, sovint sembla funcionar segons patrons de pensament i actuació que confirmen el que va dir Umberto Eco en una vella novel·la (1988): «per a cada problema complex hi ha una solució simple, i és errònia!». 

Per tant, es pot dir que l’escola tendeix a reduir-ho tot, inclosa l’educació emocional, a una unitat didàctica exactament igual i tan sense sentit com gairebé totes les altres! Entrant més específicament en l’anàlisi crítica que estic tractant de desenvolupar: es pot estar d’acord o en desacord amb Goleman quan subratlla la importància cabdal del coneixement de les paraules que defineixen les emocions (per exemple, jo no hi estic d’acord en absolut, i tractaré d’explicar el perquè més endavant), però no es pot deixar de reconèixer que l’escola, en la majoria dels casos, ha transformat aquest objectiu en pràctiques didàctiques que són una veritable barbàrie! És una declaració forta? Sí, és clar! Però si ens fixem en les eines que en molts, massa, casos s’utilitzen per ensenyar els noms de les emocions, pròpies i alienes, no crec que hi pugui haver cap dubte. 

A la xarxa i a les editorials, podem trobar molts exemples que testimonien inequívocament tot el que he afirmat. I que deixen realment pocs dubtes pel que fa a l’absència total de sentit de les pràctiques d’«educació emocional» que estan de moda: activitats de relacionar cares, d’encerclar la paraula que defineix una expressió dibuixada, de pintar personatges... Es podria argumentar que aquests són només exemples en negatiu, paradoxals en la seva absurditat, que hi ha moltes escoles que adopten millors maneres d’educar les emocions. 

En aquest sentit, pel que sembla, el llibre d’El monstre de colors, present en gairebé totes les escoles, és citat sovint com una «bona pràctica» ja que sembla una possibilitat alternativa i més significativa per tractar el tema. Hi ha activitats didàctiques d’educació emocional que es descarreguen del web i acompanyen el llibre, on es proposa pintar pots amb els colors amb què el llibre identifica les emocions.  



Però, quin és l’objectiu de les activitats? 

És un objectiu sense sentit, perquè parteix d’una visió de l’educació que segueix el model d’esquemes de pensament exclusivament adults, que no tenen gens en compte la identitat activa i constructiva dels infants, que d’aquesta manera són considerats subjectes que han de limitar-se a aprendre passivament els continguts que es volen transmetre, siguin quins siguin, incloses les emocions. 

No és casualitat que l’objectiu sigui el mateix que l’escola es proposa quan pretén ensenyar, de manera abstracta i descontextualitzada, les paraules que defineixen qualsevol cosa, i que dona lloc al mal costum de cobrir les parets de les classes amb cartells horribles que mostren els diferents noms/paraules que els infants han d’aprendre: els colors, les estacions de l’any, les figures geomètriques, el temps que fa, els cinc sentits i, per descomptat, les emocions. 

És la tristíssima tendència de l’escola a voler creure que tot s’ha de verbalitzar, per la qual cosa l’objectiu bàsic es converteix en el fet de col·locar noms, paraules socialment recognoscibles, a les coses, a les experiències, fins i tot als estats d’ànim que caracteritzen l’existència dels éssers humans. I després d’haver fet malgastar hores i hores als infants perquè aprenguin de forma abstracta totes aquestes paraules, ens podem aturar, sense preocupar-nos de res més, amb la il·lusió que d’aquesta manera l’escola ha aconseguit la totalitat de la seva funció educativa! En aquest sentit, la part del discurs de Goleman sobre la necessitat de disposar de paraules que defineixin les emocions, especialment per les interpretacions pedagògiques reduccionistes que se n’han derivat, es mostra com el que realment és: una simple arquitectura teòrica basada en una visió tradicionalista i directiva de l’escola. 

Perquè si es pensés en la identitat dels infants, en les seves formes de conèixer, d’aprendre i de relacionar-se amb el món i amb la vida, es comprendria immediatament que, en relació amb el discurs de les emocions, no hi ha res més abstracte i descontextualitzat que proposar-se l’enfortiment del vocabulari emocional com un objectiu fonamental. Els infants no necessiten que l’escola els ensenyi les paraules que defineixen les emocions, per la senzilla raó que ja les saben! Les han après vivint, dia a dia, construint la seva identitat mitjançant el conjunt de relacions socials i culturals que caracteritzen les respectives existències, a la família, a l’escola i al món. 

Els infants ja han experimentat moltes emocions i ja han après un munt de paraules que les defineixen. Si els escoltem ens adonarem que no només ja han construït o estan construint dinàmicament un vocabulari emocional propi, sinó que sobretot estan construint pensaments i idees en relació amb les emocions. Pensaments i idees que sorgeixen de les seves vivències i de les seves experiències diàries. 

Però això, per desgràcia, no és una actitud gaire comuna, perquè vivim en un món en el qual l’escola, mentre que d’una banda diu centrar l’atenció en les «necessitats» dels infants, de l’altra pressuposa les seves necessitats a partir de la visió dels adults sobre allò que els sembla necessari ensenyar. Vivim en una realitat en la qual l’escola no escolta els nens, perquè, més enllà de les grans afirmacions teòriques sobre «l’infant competent», de fet, no reconeix als nens i les nenes cap competència autònoma, i només els vol veure com els receptors dels diversos ensenyaments que pretén impartir. 

Ho repeteixo: els infants no necessiten que l’escola organitzi propostes didàctiques per ensenyar-los paraules! Cap, i molt menys les relacionades amb les emocions. I encara tenen menys necessitat de propostes rígides i directives com les que hem vist fins ara! Els infants necessiten una escola capaç d’acompanyar-los autènticament en el seu viure «amb i a través» de les seves emocions. I aquest dificilíssim objectiu no s’assoleix amb les activitats destinades a «potenciar el vocabulari emocional» i menys encara a través de la lectura de llibres considerats més o menys adequats per «treballar les emocions»!  

Algunes claus per reflexionar sobre la relació entre emocions i educació 

La relació entre educació i emocions és molt més complexa que el conjunt de pràctiques a què es vol reduir. Això és un fet, no una opinió!

1. Emocions i aprenentatge 

En primer lloc cal reflexionar sobre la relació entre emocions i aprenentatge, ja que pot ser una manera de començar a entendre què significa acompanyar els infants a viure amb i a través de les emocions. En aquest sentit, és útil referir-se a les evidències presentades per la investigació en neurociència, que destaquen, cada vegada més, la relació d’interdependència entre aprenentatge i emocions.  

Només cal llegir titulars d’articles a la xarxa per adonar-se que les emocions són un component vital de l’ésser humà, i que tenen una estreta relació amb els seus processos cognitius i d’aprenentatge. Sense que sigui necessari parlar de neuroeducació o de neurodidàctica (que crec que es convertirà en una de les pròximes modes educatives), no podem oblidar aquesta forta i important connexió, a la qual segueix la idea que l’escola ha de permetre als infants viure amb i a través de les emocions que experimenten. 

Emoció d’explorar, de descobrir, d’interrogar-se sobre els fenòmens amb què es troben i que els encurioseixen, estimulant el desig d’aprendre. Emoció de trobar i tractar de resoldre problemes cognitius autèntics i significatius. Emoció de donar significat a les pròpies experiències, al món i a la vida. Ho repeteixo: l’escola, en primer lloc, hauria de permetre als infants viure amb emoció en un entorn coherent i de suport a la seves formes d’aprendre i construir coneixement. Crec que és evident la importància crucial dels aspectes que conformen i donen identitat al context escolar: espai, materials, oportunitats i propostes que els infants puguin trobar, i especialment l’organització del temps quotidià, que ha de ser obert i flexible, adequant-se dinàmicament a la seva emocionant curiositat. 

Permetre als nens viure amb i a través de les emocions cada experiència a l’escola ha de ser el primer i principal objectiu d’una educació moderna i respectuosa amb la identitat de la infància! En les paraules d’un vell mestre, Loris Malaguzzi: «res sense alegria!». Aquesta frase estava escrita sobre la porta de l’escola infantil Diana de Reggio Emilia ja en els anys vuitanta del segle passat, molt abans que el famós article de Newsweek la portés a la fama internacional. Res sense alegria! Una advertència i una guia per a qualsevol activitat educativa que reconeix i es basa en la connexió imprescindible entre emoció i aprenentatge, entre emocions i processos vitals, en línia amb la identitat global dels éssers humans, ja siguin infants o adults.

2. Acompanyar les emocions 

He afirmat repetidament que els nens no necessiten aprendre de manera abstracta i descontextualitzada les paraules que defineixen les emocions, sinó que necessiten una escola capaç d’acompanyar-los en el seu viure amb i a través de les emocions que experimenten en diferents situacions de la seva vida quotidiana. 

Això pressuposa una escola i un adult capaç d’escoltar les seves vivències emocionals i actuar en conseqüència, de manera coherent amb la seva identitat activa, que interroga i tracta de donar significat al seu entorn. Sobretot en els moments més íntims i delicats. Especialment quan sorgeixen problemes emocionals difícils i potencialment dolorosos. Aquests són els moments en què l’acompanyament dels nens requereix que els adults exerceixin les seves responsabilitats educatives amb sensibilitat i sense idees preconcebudes, intervenint amb respecte a la subjectivitat, però també als valors educatius que es persegueixen.  

Per aclarir el significat d’aquesta part del discurs pot ser apropiat un exemple que es remunta a un dels meus últims dies de treball com a mestre a parvulari, al març de 2015. El context és una classe de quatre anys. Un matí, durant el moment de l’acollida, cap a les 8.15 h, quan només havien arribat uns quants infants, la Clarissa se m’acosta i diu: «Gino, Gino, he de dir una cosa molt important! Vine amb mi a veure què li passa a l’Ambra». Després m’agafa de la mà i em porta a veure el que està passant (fig. 1), que comenta d’aquesta manera: «Veus el que està fent l’Ambra? És al minitaller sola perquè vol parlar amb la seva àvia morta!». 



No és una situació senzilla, i per això necessito entendre més coses. Demano a la Clarissa que m’expliqui millor com va començar tot, i com se sent ella.  Clarissa: Estàvem jugant a la cuina, llavors m’ha dit que volia anar al minitaller per parlar amb la seva àvia morta. Gino: I com et sents pel que ha passat? Clarissa: Estic preocupada: ella està trista, i jo li he dit que no pot parlar amb la seva àvia morta, només pot parlar amb l’ànima de la seva àvia, però no ha entès res!  Gino: I què penses fer ara? Clarissa: Vaig amb ella perquè no vull que estigui sola! I llavors li parlaré per veure si ho entén, i tu Gino..., què penses fer?  Gino: Necessito temps per pensar-hi...   

Es pot actuar de diferents maneres: 
• Anar a parlar amb l’Ambra, demanant-li que expressi com se sent i potser «consolar» abraçant-la;
• O esperar, observant amb atenció i sensibilitat el que passa entre les nenes, entendre com evoluciona la situació a través de la relació entre les dues amigues per després decidir com actuar.  La primera opció, que pot semblar respectuosa i plena d’emocions positives cap a la nena, de fet crec que impediria qualsevol possibilitat d’afrontar i tractar de «gestionar» el seu estat emocional. 

Si actués d’aquesta manera probablement la tranquil·litzaria, però tinc la impressió que transformaria la situació en una d’aquelles en les quals l’adult no escolta en profunditat, sinó que actua precipitadament pressuposant necessitats i requeriments dels infants a partir del propi punt de vista exclusivament. 

Confio en els infants i en les seves capacitats, per la qual cosa opto per la segona opció i espero, observant amb atenció el que passa. Segueixo des de lluny la Clarissa, que arriba on és la seva amiga i veig que comencen a parlar i després, a continuació, s’abracen i comencen a cantar. La situació sembla haver-se «normalitzat», i és precisament en aquest punt que he de decidir com actuar, fent el possible perquè les nenes puguin desenvolupar les seves experiències i donar un significat més ampli a tot el que ha passat, i sentir-se acompanyades de prop en el seu context quotidià. 

És per això que organitzo una trobada en petit grup per a la segona part del matí. La idea és poder fer front, en un context de diàleg, a alguns temes relacionats amb el que ha passat. El petit grup em sembla la forma més coherent, ja que permet un intercanvi molt més obert entre els participants, cosa que facilita l’expressió de les vivències individuals. En resum, crec que és el marc més apropiat a la intimitat i la delicadesa de la situació. 

Ens trobem a les 9.45 h. A més de les dues nenes i jo, formen part del grup tres nens més, Diego, Luca i Ada, la major i més «madura» de la classe, però sobretot aquells que tenen una relació d’amistat més forta amb la Clarissa i l’Ambra. Començo convidant la Clarissa a compartir amb els altres el que ha passat abans.  Clarissa: Aquest matí estàvem jugant a la cuina, i després l’Ambra ha anat sola al minitaller a parlar amb la seva àvia morta, i jo estava preocupada per ella perquè he vist que no estava bé... Llavors he tractat d’explicar-li que no podia parlar amb la seva àvia morta, només amb la seva ànima, perquè quan algú mor només queda la seva ànima que va al cel, mentre el cos roman aquí a la terra i després l’enterren. Gino: I després què ha passat? Ambra: La Clarissa ha vingut cap a mi i m’ha abraçat... Clarissa: I li he explicat una altra vegada que només podia parlar amb l’ànima de la seva àvia..., però ella no ho entenia. Ambra: Perquè..., perquè no sé què és l’ànima! Llavors estàvem allà juntes, i hem començat a pensar en els nostres avis morts, i després hem cantat una cançó trista per recordar-nos d’ells, que havien anat al cel. Gino: Nois, l’Ambra ens ha dit que no sap què és l’ànima. 

Tractem d’ajudar-la oferint-li els nostres pensaments?  Clarissa: L’ànima és una cosa que ens fa viure. Diego: Crec que l’ànima és el cervell..., o potser els records i la memòria! La memòria és com una cosa que es fa com una fotografia de tot el que veiem perquè puguem conèixer-ho... Però també podem aprendre sobre coses que no hem vist, com l’espai, els planetes i la força de la gravetat. Luca: Estic d’acord amb el Diego: l’ànima són els records! Però..., però..., però potser l’ànima és el cor.  Ada: Sí! El cor és com l’amor, perquè quan un s’enamora...  Clarissa: ...després vols estar amb ell per sempre... Ada: ...com un espòs i una esposa. Luca: 

Però potser l’ànima són les esperances, com l’esperança de no morir o l’esperança que algú que va morir vingui del cel per estar encara aquí a la terra amb nosaltres... Clarissa: Però, Luca!, ja t’he dit que quan et mors només l’ànima va al cel, el cos roman aquí a la terra i l’enterren! Ara estic viva i la meva ànima està en el meu cor. Diego: Fins i tot la meva ànima està dins del meu cor! Tothom té l’ànima dins del cor! Tothom, fins i tot els superherois, perquè són éssers humans com nosaltres, però amb més poders..., tothom te l’ànima al cor, menys els robots, perquè no són humans i estan fets de ferro. 

Crec que la profunditat dels discursos dels infants ens restitueix la riquesa dels seus pensaments! Pensaments que, a partir d’una situació autèntica relacionada amb el pla emocional (el difícil estat d’ànim de l’Ambra i la dinàmica viscuda conjuntament amb la Clarissa), han trobat un entorn que ha permès que es poguessin desenvolupar i evolucionar a través el diàleg i l’escolta mútua. A través del diàleg hem explorat i construït conjuntament nous significats, no només relatius a la situació de partida, ja que és innegable que la dimensió viscuda va generar processos que, en un sentit molt ampli, es poden definir com d’aprenentatge i creació de coneixement. 

Mitjançant el diàleg també hem creat una cultura de convivència, una dimensió imprescindible que posa en valor les diverses subjectivitats i les acredita com a recursos fonamentals per als processos de construcció de les identitats a través de les relacions interpersonals. Una dimensió que hauria de ser el fonament de la vida quotidiana en totes les escoles. El que va passar en aquesta senzilla situació ens ajuda a comprendre, al mateix temps, que els infants no tenen cap necessitat d’aprendre en abstracte les paraules que defineixen les emocions, perquè en realitat ja pertanyen al seu vocabulari.

L’exemple anterior sobre la Clarissa en dona testimoni: sense haver fet cap tipus d’activitat d’educació emocional, se les arregla a la perfecció per capturar l’estat emocional de la seva amiga i actuar en conseqüència. Els nens posseeixen naturalment aquella «competència emocional» esmentada per Gole­man, una habilitat que nosaltres els adults hem de ser capaços, en primer lloc, de reconèixer i acreditar, i, en segon lloc, de valorar mitjançant contextos adequats en què pugui, quan sigui necessari, trobar els espais per expressar-se. 

Perquè això és el que els infants necessiten: contextos autèntics en els quals els diferents estats emocionals puguin desenvolupar-se a través d’una comunicació oberta i autèntica, contextos on les paraules no són més que els mitjans per viure una dimensió de l’escolta i el diàleg com a modalitat privilegiada amb la qual continuar construint, de forma dinàmica i en relació recíproca, la pròpia identitat. 

Resumint, es pot dir que el que els infants necessiten és sentir-se lliures per viure i expressar-se en un entorn humà i social que té confiança en ells, i els acompanya globalment, sense retòrica, sense moralisme i sense separar cap dimensió del seu ser i sentir. L’entorn que necessiten, en altres paraules, és una escola que es preocupa principalment per educar els infants reconeixent que són subjectes globals, sense segmentar les seves pràctiques, col·locant a la paraula educació adjectius que en qualifiquen els diferents continguts: educació lingüística, educació científica, educació corporal, educació musical o educació emocional. Perquè no són aspectes separats sinó dimensions interrelacionades que requereixen contextos que permeten i no obstaculitzen aquesta interconnexió!  

Conclusions 

Per concloure aquest llarg text, crec que no hem de resumir o sintetitzar els diferents temes i significats que he tractat de presentar mitjançant el desenvolupament progressiu del discurs. L’anàlisi sobre l’«educació emocional» i l’argumentació que he proposat, em sembla suficient i completa. Crec més aviat que la millor conclusió és reiterar un concepte bàsic fonamental, que té un valor global que transcendeix l’àmbit específic del text: més que una escola que es preocupa per «educar les emocions», com si fossin una cosa separada i separable de tots els altres aspectes de la seva identitat, els infants necessiten una escola respectuosa amb el seu ser com a subjectes globals, i per tant, capaç de donar resposta al seu dret a l’educació com un procés global. Aquest és el complex desafiament que ens espera!    

(Aquest article s'ha publicat a la revista Infància 217 de juliol-agost 2017)
                                                   









Gino Ferri, formador i assessor educatiu


Nota 1. Teorització en la qual es fa ressò del concepte d’’apercepció’ introduït i desenvolupat pel filòsof Leibniz a principis del segle xviii.  Bibliografia Collell, J., i C. Escudé: «L’educació emocional», Traç, any xix, núm. 37, 2003.  Eco, U.: Il pendolo di Foucault, Milà: Bompiani, 1988.
Gardner, H.: Formae mentis. Saggio sulla pluralità dell’intelligenza, Milà Feltrinelli, 1987.  Goleman, D.: Intelligenza emotiva, Milà: Rizzoli, 1997.  Mayer, J. D., i P. Salovey: «Emotional Intelli­gen­ce», Imagination, cognition and personality, vol. 9 (3), 1990.

dimecres, 12 de juliol del 2017

Com s’està transformant l’escola? Reflexions sobre alguns problemes de l’anomenada «innovació educativa»



Fa anys que parlo i escric sobre la dinamicitat de la realitat educativa catalana (i també d’altres comunitats d’Espanya), valorant moltíssim el seu desig de canvi, que en diversos casos ha generat experiències molt interessants. Moltes vegades he destacat la importància d’aquesta tensió col·lectiva per a la millora de les escoles, subratllant també el valor fonamental del fort protagonisme de l’escola pública per impulsar aquests processos de transformació de l’educació.
Però avui en dia, quan s’estan intentant generalitzar les pràctiques transformatives, crec que cal aprofundir més el discurs, perquè, pel que veig, em sembla que es corren uns quants riscos sense la consciència suficient del que es fa.
Encara que sigui un text bastant llarg, no puc argumentar com m’agradaria. L’intent principal d’aquest article és provocar, i sobretot fer bones preguntes que puguin plantar la llavor del dubte respecte a unes actituds bastant difoses i, potser, fer reflexionar. L’únic que puc comentar és que no escriuré ni una paraula que no es refereixi a experiències viscudes directament, i també a comentaris que m’han arribat de moltíssimes persones entre els milers que he conegut aquí en l’àmbit professional.
Potser aquest text molestarà uns quants lectors –no, més ben dit, estic segur que molestarà, i tant–. Ho sento. No és que vulgui arribar a ser el «nou Quim Monzó», però els que em coneixen saben que a mi em sembla necessari reflexionar molt més del que se sol fer…. i promoure la reflexió, encara que sigui a través d’una provocació forta; és el petit granet de sorra que jo puc aportar al debat sobre un tema tan important com la innovació educativa.
Alguns riscos de l’anomenada «innovació educativa»
Per què parlo de riscos?
Perquè m’he adonat que, avui que «sembla indispensable innovar», en molts casos a les escoles hi ha transformacions sense una reflexió profunda sobre les raons i els principis que haurien d’orientar els processos de canvi, i que es limiten a incorporar objectes i materials de les anomenades «pedagogies alternatives», tal com les defineix García (2017), o bé maneres de treballar d’escoles definides com a innovadores.
Però quin resultat se n’obtindrà? És coherent? Té sentit? O, en canvi, certes escoles s’arrisquen a fer canvis seguint la moda del moment?
Es podrien posar molts exemples, però em limito a destacar que la majoria de vegades s’actua així perquè no hi ha un coneixement profund del que s’intenta adoptar.
Si no, per exemple:
  • No es trobaria a les escoles públiques res que es refereixi a la pedagogia Waldorf, atesa la seva identitat «espiritualista», totalment impregnada d’idees a les quals no s’hauria de donar cabuda (com la de la reencarnació de les ànimes, que de fet orienta tota la seva mirada cap al primer septenni de vida de l’infant i, en conseqüència, defineix els seus plantejaments pedagògics i també dona forma a molts materials educatius, com les famoses nines sense cara).
  • No es pensaria que els materials Montessori, i en general els materials manipulatius, són el millor recurs i potser l’única possibilitat de construir aprenentatges significatius, perquè avui en dia l’aprenentatge significatiu hauria de ser una cosa molt diferent i molt més important, i de fet és un concepte que a l’època de Maria Montessori ni tan sols existia (els seus materials ajuden a construir un aprenentatge més efectiu, ni més ni menys, i només es refereixen a les mateixes habilitats instrumentals i continguts acadèmics «de sempre», res a veure amb autèntiques competències…).
  • No s’utilitzaria cada dos per tres aquella famosa frase de Loris Malaguzzi sobre l’«ambient com a tercer mestre» sense preocupar-se de quins són els dos primers que ell anomenava (perquè, si no m’equivoco, és evident que el tercer arriba després del primer i del segon…). Potser mirar el discurs sencer desmentiria les raons per les quals s’utilitza aquesta frase.
  • I, parlant de coses que tenen relació amb Reggio Emilia, no només no se seguiria confonent la taula de llum amb aquella experiència educativa (Altimir, 2015), sinó que tampoc s’hauria estirat tant el discurs fins a arribar a parlar de «pedagogia de la llum» (perdoneu, però què és la «pedagogia de la llum»? Realment existeix, la «pedagogia de la llum»? Jo no en tinc ni idea, com a molt és una etiqueta que s’enganxa a alguna cosa que es vol vendre, com passa a les botigues de materials educatius a Internet…).
  • A més, no ens trobaríem la idea que per «innovar» s’han de «fer ambients» tant sí com no, gairebé com si això fos una solució en si mateix que ho transforma tot a millor (i no crec que els que llegiu aquestes paraules us pugueu imaginar el que he vist jo sobre com «es fan» els ambients en moltes de les escoles que han adoptat aquesta metodologia)=. Si n’hi hagués més coneixement real, ningú s’atreviria a utilitzar el nom de Reggio Emilia com a exemple de les experiències educatives que han «fet realitat» els principis i valors que se suposa que hi ha darrere dels «ambients de lliure circulació» (aquesta afirmació l’he trobat en diferents webs de presentació de projectes educatius d’«escoles innovadores», privades i públiques), ja que els seus plantejaments educatius són pràcticament oposats.
  • Tampoc s’acceptaria que una cosa que es coneix om a «pedagogia sistèmica» entrés a l’escola pública, perquè a més de totes les bones raons per rebutjar-la que ens ha explicat Joan Girona (2015 i 2017), que comparteix totalment, a mi una pedagogia que pretén educar des de l’amor (l’anomenat «ordre de l’amor») m’espanta molt, perquè:
    • Com Loren Millar (2011), jo també em pregunto: l’amor té un ordre? Existeix realment aquest suposat «ordre de l’amor» que s’ha d’acollir com el més important que s’ha de portar a les aules? (això de portar-lo a les aules és un dels punts fonamentals que ensenyen en qualsevol diplomatura o màster sobre aquesta «pedagogia»).
    • Potser s’hauria de reconèixer que el concepte d’amor és personal i subjectiu, i per això comporta inevitables i perilloses ambigüitats (si no queda prou clar, i arriscant-me a banalitzar el discurs, convido a pensar, per exemple, en els molts episodis de violència de gènere justificats com «actes de massa amor»… quin amor!). L’amor no ha de ser de cap manera un principi pedagògic, i encara menys en l’àmbit públic. En canvi, jo crec que s’hauria d’educar partint d’un profund sentit de responsabilitat social, ètica i també política (en el millor significat que aquesta paraula pot tenir).
És una llàstima que cada dia hi hagi més escoles que se sumin a aquesta ideologia, amb el resultat que els profes que no la comparteixen acaben cremats, perquè en molts casos ni se’ls permet asseure’s on volen a les reunions del claustre, perquè aquest ordre els obliga a tots i cadascú a seure al lloc que els correspon segons la jerarquia (no és conya, sinó que només és el que em va comentar fa dies, plorant, una professora que va assistir a una conferència meva). Com explica Guzmán (2015, actualitzat el 2017), aquests professors tampoc poden expressar la seva opinió sobre una cosa que s’hauria de debatre perquè segons la mateixa jerarquia tampoc no tenen dret a parlar… (però el respecte més profund no hauria de ser un valor primari d’aquesta «pedagogia»? Quin respecte!).
  • Ni tan sols es donaria cabuda a les escoles públiques als plantejaments de les anomenades «psicologies humanistes», perquè la mirada «terapèutica» que les defineix no és de cap manera un «valor» que s’hagi de portar a l’educació, sobretot la pública. L’escola no és ni hauria de ser un lloc en el qual fer «teràpia educativa» (en aquest sentit, pregunto: la psicoanàlisi ha arribat a ser considerada una ciència? Perquè si ha passat jo no me n’he adonat… quanta ignorància la meva!).
  • Per tant, no es parlaria de «necessitats autèntiques» (les més i més i més i més encara…) de les nenes i els nens que s’haurien d’atendre perquè és gairebé «sagrat», venent com a veritats absolutes idees que sovint no són res més que teories plenes d’ideologia i sense cap encert científic, i que en la majoria de casos com a molt defineixen aquestes suposades necessitats a partir de projeccions de necessitats adultes (aquestes «veritats» s’haurien de quedar als blogs «educatius» que proliferen a Internet, xiringuitos qualssevol que corresponen al dret de cadascú d’expressar els seus pensaments i creences, però que mai no haurien d’arribar a ser plantejaments que orientessin la creació d’escoles públiques).
  • També és veritat que no es parlaria d’estètica d’una manera tan superficial com sovint se sol fer, pensant-la com una finalitat en si mateixa i no com una qualitat de processos educatius més globals, amb el resultat de fer meres decoracions amb l’espai escolar perquè quedi bonic. Sembla haver passat la idea que «l’estètica és la cura dels detalls» (això tampoc no ho dic de conya, sinó citant el que he trobat al web d’una escola «innovadora» de creació recent). No s’ha entès que, com diu Mara Davoli en un excel·lent article (2017), en educació l’estètica s’hauria d’entendre com la cura de les relacions (i entre detalls i relacions hi ha la mateixa distància que entre el pol Nord i el pol Sud). O potser ens hauríem de recordar del missatge del dissenyador Bruno Munari (1971) quan plantejava que segons la cultura del disseny és la funcionalitat i la utilitat dins d’un context social, per transformar les condicions de vida, el que defineix la bellesa d’un objecte o espai.
  • Tampoc es parlaria gaire, com es fa, de llibertat i límits, perquè plantejada així la relació recíproca entre aquests dos conceptes es torna una antinòmia que els pren valor a tots dos. En canvi, es parlaria molt més de coparticipació i de co-construcció de significats i d’una autèntica cultura de la convivència entre els protagonistes de la comunitat educativa.
  • Ni s’arriscaria transformant les neurociències en «una moda més», com de fet em sembla que està passant.
  • Per acabar, si hi hagués més consciència, es tindria cura a buscar referències una mica més rigoroses des del punt de vista cultural i científic. Ho sento, potser és el meu límit, però jo no acabo d’entendre per què en aquest país es mira amb «adoració» autors com Evania Reichert, Laura Gutman, Claudio Naranjo, Bert Hellinger, Rudolf Steiner, Arno i André Stern o Rebeca Wild, la majoria dels quals ha «regalat» al món teories que destaquen per la seva absència de rigor epistemològic i que en uns quants casos fan olor d’espiritualisme, misticisme i també de religió. En canvi:
    • no es reconeix a Piaget tota la seva importància;
    • gairebé ningú no esmenta Vigotski (el pare del socioconstructivisme, mare meva!);
    • Bruner no apareix com a referent en cap dels plantejaments «innovadors», i és totalment desconegut (malgrat que el seu pensament i obra tenen una importància fonamental per investigar el funcionament dels processos cognitius i, sobretot, per estacar la idea de la co-participació en la construcció social de la realitat, entesa com a creació de vida);
    • a Loris Malaguzzi pràcticament només se’l té en compte per aquella frase, mal entesa, sobre l’ambient com a tercer mestre, i gairebé ningú no valora el més fonamental que ha ensenyat a tothom: no deixar mai de mirar les nenes i els nens des d’una mirada oberta i no ideològica, per aprendre contínuament de (i amb) ells.
Què comentar? Per què s’ha produït aquesta situació?
Narracions sobre la innovació educativa
M’imagino que molts dels que, malgrat que fastiguejats, no han deixat la lectura d’aquest text i han arribat fins aquí, deuen estar comentant, indignats, que no es pot criticar i ridiculitzar tot. Altres, encara que hagin llegit amb curiositat, deuen estar pensant que amb el meu discurs m’arrisco a «llençar el nadó amb l’aigua del bany», que s’han fet moltíssimes coses bones que s’haurien de tenir en compte, etcètera.
Encara d’altres deuen estar rient perquè han entès que la meva narració (amb la seva ànima punk i estil rap), tot i ser dura i una mica amarga, és una estratègia intencional per plantejar problemes molt reals. Perquè tot el que he escrit, d’una manera o altra, és real. La imatge de la innovació educativa generalitzada que he reflectit és molt real. Tot i que pot costar admetre-ho: és real!
No és l’única, és veritat, ho sé molt bé, i com ja he dit en la introducció moltíssimes vegades he valorat la dinamicitat de la realitat educativa d’aquest país i els autèntics intents que s’estan fent per transformar l’educació.
Però això no treu realitat a la imatge que, com un mirall que parla, he reflectit. Les persones que tinguin una mica d’honestedat intel·lectual no poden no reconèixer-ho… I de què depèn, llavors, el que s’està generant amb la massificació de l’anomenada innovació?
Depèn de les mestres i els mestres? Depèn de les professores i els professors? Que potser són tan superficials (com es podria suposar llegint la meva narració)?
No, no i no!
Els que treballen cada dia a l’escola no en tenen cap responsabilitat!
Els que treballen cada dia a l’escola només són les «víctimes» d’una situació els responsables de la qual són altres factors, entre els quals destaca, en primer lloc, la narració pública sobre el canvi educatiu i la innovació. Diaris, revistes, TV, llibres, Internet, xarxes socials, etcètera, han produït un bombardeig d’informacions que han arribat a identificar el canvi educatiu amb l’aplicació de les anomenades «pedagogies alternatives» o de models derivats d’escoles definides com a innovadores.
I la falta d’aprofundiment crític en aquesta narració (per no dir res més, perquè es podrien fer molts discursos sobre aquest tema) és com si hagués generat el que jo anomeno la «síndrome del tot s’hi val», és a dir, la creença que tot el que apareix diferent del que és tradicional està bé en si mateix i es pot utilitzar per canviar, moltes vegades picotejant de diferents plantejaments suposadament innovadors (molts dels quals no tenen res a veure entre si i són totalment oposats). El risc llavors és que, gairebé sempre de manera inconscient, s’intenta canviar a través d’una mena de «copia i enganxa» de models externs, o de peces que s’agafen d’alguns d’aquests models, mirant un nou «referent pedagògic» molt potent (sic): el Pinterest. Així doncs, gairebé tothom, totalment desorientat per tants estímuls superficials, acaba mirant el Pinterest per treure’n imatges «boniques i estètiques» inspiradores dels «canvis reals» que faran, ostres!
Ho sento, però no tot s’hi val! Sobretot a l’escola pública. Aquesta actitud no porta a cap «innovació»!
Se’m podria contestar afirmant que agafar «la part bona» de cada un d’aquests models no és pas dolent, oi? Per mi no pot ser així, perquè, com assenyala Guzmán (2015, actualitzat el 2017), «és aquest pensament el que permet la permeabilització doctrinal», i a més fomenta una actitud que, sense que ens n’adonem, porta a «acceptar acríticament qualsevol cosa que et venen» si té el segell de l’anomenada innovació educativa.
Pel que fa a aquest problema s’ha de destacar també l’opinió d’Almudena García, autora d’un dels llibres que actualment tenen més èxit: Otra escuela ya es posible. Una introducción a las pedagogías alternativas. En una entrevista que li va fer El País el maig passat, a la pregunta «Totes les pedagogies alternatives tenen alguna cosa bona. No seria millor agafar el millor de cadascuna?», ella va contestar així: «Hi ha escoles que fan això, que agafen el que més valoren de cada pedagogia. És una possibilitat, però exigeix conèixer bé els diferents enfocaments, perquè cadascun és com un ecosistema en què totes les parts estan interrelacionades, i es corre el risc d’acabar fent un monstre de Frankenstein en què cada cama intenta anar per una banda diferent.» Aquest és un risc molt real, i també té molt a veure amb situacions paradoxals que es produeixen com les que he esmentat a l’apartat anterior.
Un altre factor que ha contribuït a generar aquesta situació és la formació que s’ha fet. Espero que quedi clar que no estic parlant de manca de formació, sinó tot el contrari, ja que de formació se’n fa moltíssima. Estic dient que també són les formacions que es fan, per les seves característiques, les «responsables» de molts d’aquests malentesos que s’han generat.
Intento explicar-me. El que està passant és un creixement generalitzat de la demanda de formació sobre «metodologies innovadores», al qual correspon un creixement també generalitzat de l’oferta (i cada dia apareixen nous subjectes que ofereixen formació). Però el problema és en la identitat d’aquestes formacions, que en la major part de casos es limiten a presentar les característiques d’una (o unes) d’aquestes metodologies o pedagogies, i a explicar el que s’ha de fer per complir-ne els objectius. Realment no és gaire cosa més que lliurar informacions i donar instruccions. I està clar que així a les persones els arriba el missatge que, per fi, algú els ha ofert la solució, la recepta, que ho soluciona tot.
Això és el que genera les situacions que he descrit abans, sobretot perquè el que es presenta està embolicat en una «aura de bellesa i veritat absoluta» –la seva estètica, segons la definició molt intel·ligent de Mercedes Blasi–[1] que el resultat que produeix és una simple acollida sense qüestionar-se ni aprofundir res. Aquesta característica de les formacions que es fan és la que genera el «copia i enganxa» que he comentat més amunt.
Però això no és formació; això –ho repeteixo– és lliurament d’informacions i instruccions. I ningú s’adona que aquesta suposada formació reprodueix exactament els estereotips de l’escola tradicional que es vol canviar: un suposat expert explica als seus alumnes el que han de saber i fer, i els conforma segons la seva mirada, tal com aquesta escola conforma les nenes i els nens per complir les seves expectatives. Quina formació per a la innovació!
I que no em diguin que altres formacions, les «vivencials», en què toca treure’s les sabates i fer «treball de coneixement personal», tenen res a veure amb la innovació educativa, perquè només són una caricatura mal feta, molt mal feta, de les teràpies. I la teràpia és una cosa molt més seriosa i important, però l’ha de dur a terme un professional competent i rigorós sota demanda i per convicció dels que la volen… És a dir, formació educativa i teràpia personal no tenen ni haurien de tenir res a veure.
Aquesta altra narració provocativa té com a objectiu arribar a plantejar aquesta pregunta: llavors, com hauria de ser la formació?
Una mirada oberta sobre la formació
Per mi la formació, en primer lloc, té una profunda responsabilitat social, i per això hauria de ser orientada per uns plantejaments ètics i no transformar-se en un negoci que es dirigeix a particulars als quals, amb la màxima honestedat i amb unes ganes de canviar que commouen, no els queda altra opció que enganxar-se al que el mercat els ofereix, pagant, i tant, de la seva butxaca.
S’està creant un negoci molt potent, i pensant malament a vegades tinc el dubte de si no és la demanda la que genera l’oferta, sinó tot el contrari, com en la publicitat… Que potser correm el risc de viure aquesta dimensió?
Aquest discurs és incòmode, oi? Però cal fer-lo! Perquè les lleis del mercat només produeixen competència, i si ja s’ha arribat a parlar del màrqueting educatiu (http://www.marketingeducativo.info/) com una cosa positiva (sic), quin futur es pot imaginar? Per mi la formació hauria de fer el que ara és més necessari que mai: promoure el canvi no de les maneres de fer (perquè el resultat gairebé sempre és canviar la forma per seguir fent el mateix) sinó de les maneres de pensar. La formació sempre hauria de:
  • ser una provocació i una sacsejada, per arribar a generar debats pedagògics fins i tot als claustres més tradicionals;
  • remoure estereotips i despertar les consciències, creant processos d’autèntic canvi que no es redueixin a rèpliques de models externs;
  • provocar pensaments i reflexions sobre temes universals que tenen a veure amb l’educació (les claus que explico tot seguit), perquè cada grup de treball es faci més conscient i arribi a imaginar, partint de la seva pròpia realitat, una idea d’escola diferent des de plantejaments clars i consensuats amb tota la comunitat.
Claus per repensar i transformar l’educació pública 
Aleshores, què?
Ja he deixat clar que per mi els processos de construcció del canvi educatiu no haurien de començar mirant a «pedagogies alternatives», ni a «metodologies innovadores», ni a les experiències d’altres escoles que ja existeixen, sinó que en primer lloc haurien de privilegiar una reflexió profunda sobre tres claus fonamentals:
  1. les idees sobre la funció educativa de l’escola;
  2. la idea d’infància;
  3. la idea d’aprenentatge.
Com he anticipat a la introducció, intentaré plantejar bones preguntes per a cada una d’aquestes claus, a veure si poden ajudar a generar aquesta reflexió per a mi tan necessària.
1) Les idees sobre la funció educativa de l’escola
Quina és o hauria de ser la funció de l’escola en el món contemporani?
I quina la funció de l’educació pública?
Quina és la relació entre escola i societat?
Quin ciutadà es vol educar?
Quina és la visió de l’ésser humà del present i del futur que hi ha darrere de les maneres d’educar?
A més:
L’escola és un lloc de criança o d’educació?
Quina relació hi ha entre criança i educació?
I per acabar aquesta part, després de més de dos segles de debat:
L’escola ha d’instruir o educar?
Ha de seleccionar els «millors» o ha d’educar a tothom, sense deixar enrere a ningú?
I no són preguntes formals, ja que tota l’obsessió que hi ha amb els resultats acadèmics (que encara s’utilitzen com a mesura del valor de les escoles i dels sistemes educatius) és un testimoni molt clar de com aquest tema encara està pendent.
2. La idea d’infància
Qui són els nens i les nenes que s’estan educant a les escoles?
Com aprenen?
Com construeixen el seu coneixement?
Com estan en relació amb el món i la realitat (segons les diferents edats)?
Com funciona la ment dels humans en la infantesa?
Quin reconeixement es dona a la identitat de la infància?
Totes les imatges d’infantesa són vàlides?
Com construir una mirada cap a la infància que sigui el mínim d’«ideològica» possible?
Com escollir referències que puguin ajudar a conèixer millor tots aquests temes?
Com mirar-se la infància per aprendre dels nens i les nenes?
3. La idea d’aprenentatge
Quines idees es tenen respecte a l’aprenentatge?
Què és l’aprenentatge? «El de sempre»? El que es dona per descomptat sense qüestionar-se res?
Quin és l’aprenentatge necessari en el món contemporani?
Què és l’aprenentatge significatiu?
Quines són les condicions perquè es produeixi un aprenentatge significatiu?
Què hauria de fer l’escola per fomentar la construcció d’aprenentatges significatius? I què haurien de fer els adults que a l’escola exerceixen una responsabilitat educativa tan important?
Conclusions
Fa uns vint anys el professor Howard Gardner, en una trobada d’aprofundiment a Reggio Emilia, ens va plantejar una pregunta que per mi després de tant de temps manté tot el seu valor d’orientació: pot existir una experiència educativa sense una teoria de la ment? El que clarament intentava era destacar la importància de la connexió entre la identitat de la infància i les maneres de fer l’escola cada dia, valorant la coherència epistemològica dels principis orientadors. Per acabar aquest discurs faré servir la mateixa estratègia, canviant els termes de la pregunta i introduint aquestes claus, de les quals he parlat a l’apartat anterior:
Es pot innovar sense una consciència clara de la funció de l’escola?
Es pot innovar sense una clara (i encertada, si us plau) idea d’infància?
Es pot innovar sense una clara (i encertada, si us plau, també) idea d’aprenentatge?
La resposta a aquestes preguntes no es pot trobar en cap de les anomenades «pedagogies alternatives», i tampoc en experiències educatives externes, sinó que només es pot trobar en processos d’estudi, aprofundiment i reflexió interns als grups de treball de cada escola, per després arribar a triar amb més consciència i des de la profunda responsabilitat que es té. Perquè educar és una de les màximes responsabilitats que es poden exercir.
Referències bibliogràfiques
Pel que fa a moments en què he parlat de la realitat educativa de Catalunya, entre d’altres:
Altres referències:
[1] Presidenta de la Fundació GranadaEduca (l’última experiència pública 0/6 que sobreviu a Espanya a dia d’avui).
Gino Ferri
Gino Ferri
Mestre d'educació infantil a Reggio Emilia